Parroquia Santisimo Redentor Madrid

Domingo 21: Smo. Redentor y Jornada del DOMUND

 

 

 

PRIMERA LECTURA: Lectura del segundo Libro de Isaías (55, 3-6)

 

Así dice el Señor: Escuchadme atentos. Inclinad el oído, venid a mí; escuchadme y viviréis.

Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: a él lo hice mi testigo para los pueblos, caudillo y soberano de naciones.

Así, tú ahora vas a llamar a una nación que no conocías; un pueblo que no te conocía correrá hacia ti. Esto será solamente por el Señor, tu Dios, por el Santo de Israel que te honra.

Buscad al Señor, mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO RESPONSORIAL – Isaías, (12,2-6)

 

R./ En Cristo hay redención abundante.

 

El Señor es mi Dios y Salvador,
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación. R./

Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación,
y diréis en aquel día:
Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R./

Cantad al Señor, que hizo maravillas,
anunciadlas a toda la tierra.
Gritad jubilosos, habitantes de Sión:
¡Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel! R./

 

 

 

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta de] Apóstol san Pablo a los Romanos (5, 12-21)

 

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Y aunque antes de la ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había ley.

A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una falta como la de Adán, que era figura del que había de venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la trasgresión de uno murieron todos, mucho más, el don de la gracia divina que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Y tampoco hay proporción entre la gracia que Dios concede y las consecuencias del pecado de uno, porque el proceso a partir de un solo delito acabó en sentencia condenatoria, en cambio la gracia, en respuesta a una multitud de delitos, acabó en sentencia absolutoria.

Por el delito de un solo hombre comenzó el reinado de la muerte, por culpa de uno solo; cuánto más ahora, por un solo hombre, Jesucristo, vivirán y reinarán todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificación.

En resumen: si el delito de uno trajo la condena a todos, también la justicia de uno traerá la justificación y la vida. Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos serán hechos justos.

Si abundó el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado causando la muerte, así también, por Jesucristo nuestro Señor, reinará la gracia trayendo la salvación y la vida eterna.

 

Palabra de Dios.

 

 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
Cuando entregue su vida como expiación,
verá su descendencia, prolongará sus años.
Lo que el Señor quiere prosperará por su mano.
Aleluya.

 

 

 

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según San Juan (3, 13-18. 21)

 

En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:” Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del Hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.”

 

Palabra del Señor.

 

 

 

Redención abundante

 

Para nosotros, redentoristas, Jesucristo es, sobre todo, el Redentor. Esta es la clave que nos impacta y desde la que contemplamos su personalidad y su revelación.

Lo entendemos como la ilimitada simpatía, cariño y misericordia de Dios. Percibimos que en la Familia divina sobresale un movimiento de liberación, que se proyecta operativamente en el Hijo encarnado. Este se despoja de la condición divina, se abaja hasta aparecer como uno de tantos, pero no del montón, y vive la aventura humana de una manera testimonial: lleno de vida, de luz, de verdad, de amor superlativo, de atractivo virtuoso… En Jesús la compasión de Dios atrae de una manera impresionante y dinamiza hasta lo utópico, hasta la locura de la cruz.

Al Jesús del Evangelio le desborda la redención, le sale por todos los poros. Está convencido de que el mundo tiene arreglo, y tiene arreglo desde dentro, es decir, si sumamos a la suya nuestra cooperación…

La mística poderosa que transmite Jesús se alimenta en la comunión con el Padre y el Espíritu. Él es un creyente de propulsión trinitaria. A partir de esta experiencia capital y vigorosa habla, actúa, testimonia, se compromete y se entrega… Para él no hay más misterio que seguir la pauta trinitaria: voluntad de Dios y dejarse conducir por el Espíritu.

Jesús se manifiesta con una soberana libertad: ante la ley, el poder político, las autoridades religiosas, las fuerzas de resistencia (los zelotas), la familia, las riquezas, las ideologías… Resulta un tipo despierto y crítico. Libera, salva, eleva la vida, levanta la dignidad, recupera, hace justicia al estilo de Dios.

Jesús se lo jugó todo sirviendo y amando….

 

 

 

ORACIÓN COMUNITARIA

 

Señor, ayúdame a cambiar para cambiar el mundo.
Necesito renovar el corazón, la mirada,
mis modos de hacer, para no terminar en un museo.
Y no es solo renovar lo viejo: es permitir
que el Espíritu Santo cree algo nuevo.

Señor, vacíame de mis esquemas
para hacer sitio a tu Espíritu
y dejar que sea Él quien haga nuevas todas las cosas.

Él nos envía, nos acompaña, nos inspira.
Él es el autor de la misión,
y no quiero domesticarlo ni enjaularlo.
Haz que no tenga miedo de la novedad que viene de Ti,
Señor Crucificado y Resucitado.

Que mi misión sea comunicar tu vida,
tu misericordia, tu santidad.
Enséñame a amar como Tú para cambiar el mundo.
Amén.