Parroquia Santisimo Redentor Madrid

10 de marzo: Domingo I de Cuaresma

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro del Deuteronomio (26, 4-10)

 

Dijo Moisés al pueblo:

«El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.

Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios:

“Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas.

Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa.

Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud.

Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia.

El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos.

Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel.

Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”.

Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios».

 

 

SALMO RESPONSORIAL – Salmo 90

 

R./ Está conmigo, Señor, en la tribulación.

 

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R./

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos. R./

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones. R./

«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré». R./

 

 

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (10, 8-13)

 

Hermanos:

La Escritura dice:

«La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón».

Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.

Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.

Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.

Dice la Escritura:

«Nadie que cree en él quedará defraudado».

Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.

Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».

 

 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO

 

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

 

 

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Lucas (4, 1-13)

 

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.

Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.

Entonces el diablo le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan».

Jesús le contestó:

«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre”».

Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:

«Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo».

Jesús le contestó:
«Está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto”».

Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:

«Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: “Encargará a los ángeles que cuiden de ti”, y también: “Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le contestó:

«Está mandado: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

 

 

 

La tentación está ahí y nos ronda…

 

Una consideración se repite, año tras año, en el primer domingo de Cuaresma: Jesús también fue tentado; no fue diferente a nosotros.

En efecto, la tentación acontece, nos ronda, nos acosa y nos golpea…

Pero “tentación” no significa necesariamente presencia de pecado. Jesús, semejante a nosotros e inmerso en un ambiente de maldad, no se dejó enredar, ni consintió que le penetraran los virus pecaminosos. Eso sí, tuvo crisis fuertes como todo ser humano…

En realidad, algo así nos pasa a todos. Cuando uno quiere seguir con sinceridad los planes de Dios o practicar los valores del espíritu, cuando quiere poner la vida al servicio del Evangelio y se propone ajustarse a la voluntad de Dios, aparece el maligno turbando, distrayendo, enredando o camuflando la realidad. Pero, si uno es creyente y vive con atención, siente también que está habitado por el Espíritu de Dios y su inspiración ilumina, equilibra y fortalece.

En Jesús la Palabra de Dios pudo más que otros mensajes engañosos. Él optó por la libertad y descartó venderse. Se adhirió a la voluntad de Dios a costa de cualquier sacrificio, consciente de que es lo acertado, lo auténtico.

Por consiguiente, las tentaciones que sufrió Jesús no son muy diferentes a las nuestras: el deseo de poder y de triunfo, la ambición de abundancia y de fama, los caprichos de placer y de comodidad… nos rondan a todos.

Ahora procede preguntarse: ¿Cómo respondemos ante la tentación? Interesante pregunta para meditar y contestarse particularmente durante la Cuaresma.

 

 

 

ORACIÓN COMUNITARIA

 

Dios, Padre nuestro,
Jesús nos recomendó pedirte:
“No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.
¡Qué razón tenía!

La tentación nos ronda como una sombra
y nadie se escapa de su influencia.
También Jesús la sufrió.

No hay espacio en que no pueda entrar…
Por eso te pedimos:
Danos luz para hacer caso a la conciencia;
llénanos de tu Espíritu
y danos fortaleza para hacer frente a toda tentación.