Parroquia Santisimo Redentor Madrid

8 de Septiembre: Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

PRIMERA LECTURA: Lectura del libro de la Sabiduría (9, 13-18)

 

¿Quién conoce el designio de Dios?

¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Los pensamientos de los mortales son mezquinos, y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma, y la tienda terrestre abruma la mente que medita.

Apenas conocemos las cosas terrenas y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo?

¿Quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría, enviando tu santo espíritu desde el cielo?

Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada, y la sabiduría los salvó.

 

 

 

SALMO RESPONSORIAL – Salmo 89

 

R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

 

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R/.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R/.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R/.

 

 

 

SEGUNDA LECTURA: Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a Filemón (9b-10. 12-17)

 

Querido hermano:

Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas.

Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar, en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo; así me harás este favor, no a la fuerza, sino con libertad.

Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido.

Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano.

Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

 

 

 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes.
Aleluya.

 

 

 

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14, 25-33)

 

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:

—«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?

No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:

«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».

¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?

Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».

 

 

 

Dios en primer lugar

 

Resulta exigente y chocante el texto evangélico de hoy. Jesús expone con claridad cómo es su seguimiento: Si algo o alguien hacen la competencia a Dios, habrá conflicto, porque ni la familia tiene que estar por encima de Dios. Para los cristianos, la voluntad de Dios ha de ser lo primero.

Además Jesús añade: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”. E indica más todavía: “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”.

Está claro que Jesús es exigente. No quiere seguidores a medio gas. Seguirlo comporta una jerarquía de valores en la que Dios es lo primero.
En el fondo, este pasaje evangélico nos cuestiona: ¿Seguimos a Jesús por verdaderas motivaciones o por inercias y costum-bres…? Si falta un verdadero encuentro con Jesús y una firme decisión por él, uno no es cristiano auténtico.

Ahora bien, el seguimiento de Jesús no tiene por qué ser incompatible con proyectos honrados ni con responsabilidades como, por ejemplo, la familiar. Si se producen choques, es porque existen intereses contrarios que rivalizan, hay ataduras y no verdadera libertad evangélica. A veces nos movemos en medio de falsas necesidades, apegos o aspiraciones mal enfocadas que hipotecan nuestra personalidad. Seguir a Jesús comporta opciones y descartes, y esto cuesta; pero así sucede con todo lo bello y positivo de la vida.

Por tanto, que nadie se apunte al seguimiento de Jesús solo por corazonada, sin medir sus disposiciones y sin pulsar si está dispuesto a vivir con las vibraciones y las renuncias que indica el Evangelio. En las corazonadas frecuentemente hay improvisación y marcha atrás. En cambio, los compromisos auténticos son permanentes.

 

 

 

ORACIÓN COMUNITARIA

 

Bendito seas, Dios de la libertad y Padre bondadoso.
Nos hablas con claridad en la persona de Jesús,
aunque tu lógica es difícil de cumplir y tu sabiduría, chocante.

Es cierto: no podemos ser verdaderos cristianos
si no agarramos la cruz a diario.
No somos auténticos discípulos de Jesús
si te subordinamos poniéndote detrás de otros intereses.

Creemos, Padre, que la cruz que nos propone el Evangelio
refleja sensatez, fuerza de espíritu, servicio a la vida
y no frustra ninguna aspiración buena.

Creemos también que con tu revelación nos alertas
para que nada ni nadie nos trastorne o engañe.
Padre santo, tienes toda la razón:
si cumplimos tu voluntad,
no hay tentación que nos enganche ni enrede.

Es de inteligentes ponerte en primer lugar
y respetar la primacía de tus valores.
Por eso, con el corazón volcado en ti
y llenos de agradecimiento,
te alabamos en comunión de fe y te bendecimos.