Parroquia Santisimo Redentor Madrid

Testigos de la vocación cristiana. Redentoristas por vocación

cartelmision1Desde la experiencia de Pentecostés, al comienzo de la Iglesia, han sido millones y millones los cristianos que, movidos por el Espíritu Santo, han anunciado la Buena Noticia de Jesucristo. Con su testimonio creyente y evangelizador han facilitado que nosotros hayamos llegado a la fe.

En efecto, si todo seguidor de Jesús está llamado a ser misionero, es decir, a compartir con otros la Buena Noticia, hay hombres y mujeres que han recibido una llamada específica: entregar la vida por entero a la evangelización.

Dios llama de diferentes modos: en una experiencia de oración, por la palabra o testimonio de otra persona, por medio de acontecimientos impactantes, en circunstancias particulares…

Y lo real es que existen diferentes vocaciones y carismas dentro de la Iglesia, pero con un fin convergente: la promoción y edificación del cuerpo de Cristo.

Nuestra vocación redentorista

Es un don de Dios –un carisma– con arraigo en la historia desde 1732. En el comienzo sobresale san Alfonso, fundador de los misioneros redentoristas. Como él, otros muchos sentimos en la Iglesia la llamada a dedicar toda la vida a la misión de evangelizar.

Dios, Jesús, el Evangelio, el Reino de Dios nos han cautivado y nos siguen atrayendo fuertemente; tanto que les dedicamos toda nuestra energía. Nos consagramos por completo a Dios y a la evangelización. Esta es la identidad que nos define.

llamadaFormamos parte de una institución que nació para ser símbolo, parábola, recuerdo, motivación… de lo que la Iglesia debe ser aquí y ahora, con el fin de que no se rebaje ni se pierda de vista el ideal. A los consagrados no nos define tanto el “hacer” como el “ser”.

Según el Concilio Vaticano II, hemos de enclavar nuestra vocación en la vida y la santidad de la Iglesia (LG, 44). Por eso, lo que se espera de un consagrado es, sobre todo, experiencia evangélica y testimonio creyente según la inspiración y el enfoque del carisma recibido.

Nuestro proyecto redentorista se asienta en cuatro bases:
– La vivencia de Dios como Absoluto.
– La profesión pública de la consagración religiosa.
– El impulso de la misión profética de la Iglesia.
– La vida en comunidad como símbolo de comunión evangélica.

Pero no somos unos privilegiados, ni de más categoría, ni los mejores: salta a la vista que no.

El Evangelio es nuestra referencia fundamental y nuestro desafío, como lo es también para todos los cristianos. Somos “unos más” dentro de la pluralidad y la diversidad de carismas que el Espíritu suscita para enriquecer la vida social y eclesial.

Sí, somos un valor y una riqueza para la Iglesia y el mundo, pero no en estado puro, sino teñidos de impurezas, aunque con deseos y muestras de conversión.

promoredentoristasNos sustenta un don divino, muy engarzado con lo nuclear de la Iglesia. Nuestro titular es Jesucristo Redentor. Nuestra espiritualidad y misión son de vigente actualidad. Conectamos con lo más sustantivo de la tradición eclesial.

Podemos presentar un rico patrimonio:

– Una historia dilatada y consolidada en los cinco continentes.
– Una espiritualidad testimoniada por santos y beatos reconocidos oficialmente y por otros muchos redentoristas edificantes.
– Una misión ejercitada de manera diversa, pero convergente.
– Una Familia redentorista más amplia que nuestra congregación, con la que compartimos espiritualidad, inquietudes, proyectos de misión…

Nuestra proyección futura tiene estos rasgos:

– Depende de la identidad de cada uno, enriqueciendo la vida y la santidad de la Iglesia y aportando al entorno social una alternativa de humanidad y de Evangelio. Cada uno puede y debe ser riqueza, solución, reclamo de valores, alternativa, belleza espiritual…
– Testimonio comunitario, además del individual…
– Evangelización: Nuestro ministerio es preferentemente misionero: promover el éxodo apostólico, salir a la búsqueda, al encuentro…
– Cercanía al pueblo, a la gente, apertura al entorno: “encarnación”. La gente ha de notar que estamos a su servicio, la queremos y puede contar con nosotros… Nuestras parroquias han de ser hogares del pueblo de Dios.
– Espiritualidad de la redención y la misericordia: Irradiar que Dios nos ha visitado y redimido; testimoniar que Jesús es el Redentor, el primogénito de la nueva creación, el primero en todo. –Espiritualidad mariana, realzando la personalidad de María que se des-prende del Nuevo Testamento.
– Reflexión moral al servicio de la evangelización y la promoción humana.
– Evangelización con laicos. Es una constante en nuestra tradición: Herma-nos, oblatos… Actualmente hay nuevas figuras: laicos que sienten nuestro carisma y solicitan compartirlo en complementariedad y corresponsabilidad con nosotros.

espino-2016-1-174248_600x300-2Hoy, más de 5.000 redentoristas vibramos con nuestra vocación. Dios sigue llamando… Quizá un día tú también seas llamado a dedicar por entero tu vida a la misión de evangelizar. Si Dios toca tu corazón, responde con libertad y responsabilidad…

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