Parroquia Santisimo Redentor Madrid

Actividades de la Pascua 2017

Ya que habéis resucitado con Cristo,

buscad los bienes de arriba”

(Col 3,1)

Si decimos que la Pascua es el acontecimiento central y culminante de la vida cristiana, es, entre otros motivos, por lo que tiene de desafío y de gozo evangélico. La presencia del Resucitado en cada bautizado y en cada comunidad es el principal motivo para seguir el ideal cristiano.

Jesús, vencedor del pecado y de la muerte, nos estimula a ser personas para la vida, para lo nuevo y lo genial. Él, manejando con destreza una combinación maravillosa de cruz y resurrección, de martirio y bienaventuranza, nos asegura con su testimonio que es posible arreglar y mejorar los ambientes. Su apuesta alternativa para vivir con dignidad está ahí y bien clara.

Pero el ideal cristiano, atractivo donde los haya, no se puede vivir sin una condición suficiente de espiritualidad, es decir, sin ejercitar los recursos que nutren y elevan la personalidad.

Eclesialmente decimos que el ideal cristiano es más accesible si lo contemplamos al aire del Espíritu, el gran regalo de Dios Padre y de Jesús, comprendido por generaciones como “alma de la Iglesia”.

Afirmamos, pues, nuestra fe en la Resurrección y también que el Amor de Dios ha triunfado. Pero la victoria de Dios en Jesús no es completa si nosotros no caminamos en sintonía con el Evangelio. La Pascua nos plantea un desafío redentor: hay que sustituir los esquemas que corrompen por los proyectos saludables, para bien y disfrute de todos.

En verdad, Pascua de Resurrección es una convocatoria provocativa para los cristianos, es la “hora” crucial, un revulsivo para el corazón si queremos ganar el mundo para Dios. Ahora bien, sin nuestra colaboración no será posible alcanzar el sueño de una “tierra nueva”.

Por todo ello la experiencia de la Resurrección es la vivencia cristiana más sobresaliente. Nuestra fe está vacía, sin fundamento, si no hemos sido impactados religiosamente por la resurrección de Jesús. Esta verdad constituye la raíz del plan salvador de Dios y de la fe cristiana.

Y si sentimos que Jesús vive, es muy probable que percibamos también el desafío a vivir con altura de miras, con aspiraciones, para desarrollar incansablemente los valores que dignifican.

La fe no engaña ni induce a frustración. La experiencia de la Resurrección proporciona una gran sentido a la vida, ayuda a leer con agudeza los acontecimientos, a desenmascarar los contravalores y a embarcarse en la misión de levantar lo más caído de la sociedad.

Y Dios espera encontrar en nosotros la iniciativa y el empeñó que halló en Jesús. Por consiguiente, hemos de saber decir con hechos y palabras que Jesús es el cimiento de la nueva historia, la piedra angular del nuevo edificio social.

EL TIEMPO DE PASCUA

Al comienzo de la Iglesia la celebración única y principal era la Pascua del Señor: memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, incluyendo también el misterio de la Encarnación, la Ascensión y Pentecostés.

Después, esta fiesta pasó a celebrarse en “tres días”: el “triduo pascual”. Y más adelante a la fiesta de la Pascua se le añadió la “cuarentena” preparatoria (Cuaresma) y una cincuentena posterior: cincuenta días (tiempo mayor que la Cuaresma) para desplegar la celebración gozosa de lo que es y significa la Pascua para el cristiano: “cincuentena pascual”.

La Cincuentena pascual está dividida en siete semanas. La primera de ellas es la Octava de Pascua. Esta semana está centrada en las diversas manifestaciones del Resucitado, tomadas de los cuatro evangelios.
Tres grandes temas sobresalen a lo largo de la Cincuentena pascual:

  • La persona de Jesús: proclamación y celebración de su resurrección.
  • La vida de los nacidos por el bautismo y la acción misionera de los discípulos
    después de la Pascua.
  • La acción del Espíritu Santo en la comunidad cristiana y en su dinamismo
    evangelizador.

En resumen: el Tiempo Pascual está cuajado de reclamos derivados de la conciencia bautismal y de la nueva condición de resucitados. Son tantos sus mensajes y motivaciones que se necesitan semanas para asumirlos y asimilarlos; también para degustar-los. Lo cierto es que este Tiempo ha de inspirar todo el vivir del cristiano.

De ahí la importancia de reforzar las vivencias, convicciones y compromisos pascuales, de ma-nera que podamos tirar de ellos a lo largo de todo el año.

Potenciemos, pues, la conciencia bautismal, la alegría pascual, la calidad personal, el testimonio y el compromiso. Pascua siempre es más, porque el ideal de Jesús exige y abre horizontes insospechados…