Parroquia Santisimo Redentor Madrid

1 de Agosto: Fiesta de San Alfonso (C.Ss.R.)

 

Introducción

 

Alfonso María de Liguori, Obispo, Doctor de la Iglesia por sus escritos sobre moral, escritor, poeta, músico, y patrono de confesores y moralistas, nació en Marianella, cerca de Nápoles, el 27 de Diciembre de 1696. Era el primogénito de los ocho hijos nacidos de Don José de Liguori y Doña Ana Cavalieri, ambos de familias nobles y distinguidas.

Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras de pastoral, espiritualidad y de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant’Agata de’ Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagani, cerca de Nápoles, el año 1787.

 

Alfonso: Su niñez, juventud y estudios

Dedicado de pequeño al estudio, adquirió el dominio del toscano, el latín, el griego, el francés (lengua usual de la sociedad civil) y del español (lengua de estado). Aprendió filosofía (que entonces comprendía también las ciencias matemáticas), equitación, esgrima, música, dibujo, pintura y hasta arquitectura. Con una precocidad increíble, a los 12 años Alfonso había terminado sus estudios secundarios, y se había inscrito en la facultad de jurisprudencia de Nápoles, donde comenzó a estudiar leyes a los 13 años y a los 16 se presentó al examen de doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Nápoles. A los 19 años ya era un abogado famoso.

En 1715 ingresó en la Cofradía de los Doctores y se dedicó a la asistencia de los enfermos más pobres internados en el hospital de Nápoles, Santa María del Pueblo, siniestramente llamado “de incurables”.

Según se cuenta, en su profesión como abogado no perdió ningún caso en 8 años, hasta que un día después de una brillante defensa, un documento demostró que él había apoyado (aunque sin saberlo) lo que era falso, paso una durísima prueba y maduró en él la elección por la vida sacerdotal. Eso cambió su vida radicalmente.

Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor. Al año siguiente, en dos ocasiones oyó una voz que le decía: “Abandona el mundo y entrégate a mí”. Hizo voto de celibato y abandonó completamente su profesión. Muy pronto Dios le confirmó cuál era su voluntad.

Se fue a la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia a pedir ser admitido en el oratorio. Su padre trató de impedirlo, pero al verlo tan decidido le dio permiso para hacerse sacerdote, pero con la condición de que se fuese a vivir a su casa. Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano.

El 27 de Agosto de 1723 delante de la imagen de la Virgen prometió consagrarse al servicio exclusivo de Dios y de los necesitados, y de dedicarse al sacerdocio.

 

Alfonso: Su vida de Fe y sacerdocio

 

A los treinta años, el 21 de Diciembre de 1726, recibió la ordenación sacerdotal. Los dos años siguientes se dedicó a los “vagabundos” de los barrios de las afueras de Nápoles.

Se insertó inmediatamente y a tiempo completo en la actividad pastoral de la diócesis de Nápoles en favor de la gente de los montes y del campo, compartiendo con ellos las incomodidades.

En los comienzos del siglo XVIII combatió la predicación florida y el rigorismo jansenista en los confesionarios. Él predicaba con sencillez. El santo decía a sus misioneros: “Emplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla”.

San Alfonso abandonó su casa paterna en 1729, a los 33 años, y se fue de capellán a un seminario donde se preparaban misioneros para la China.

En 1730 el Obispo de Castellamare, monseñor Falcoia, invitó a Alfonso a predicar unos ejercicios en un convento religioso en Scala. Este hecho tuvo grandes consecuencias, porque ayudó a discernir a las religiosas una revelación que tuvo la hermana María Celeste. Al año siguiente, el día de la transfiguración de 1731, las religiosas vistieron el nuevo hábito y empezaron la estricta clausura y vida de penitencia. Así comienza la Orden de las Redentoristas.

En 1732 se despide de sus padres y vuelve a Scala, y con la ayuda y colaboración de un grupo de laicos, a los 36 años funda la Congregación del Santísimo Redentor, cuya primera casa perteneció al convento de las monjas redentoristas. San Alfonso era el superior inmediato y monseñor Falcoia el director general.

Poco después comenzaron los problemas. La congregación se dividió entre los dos superiores. Además, sor María Celeste, hoy Beata Celeste Crostarosa, se va a fundar a otra parte. A los 5 meses el santo se quedó solo con un hermano, pero más tarde se presentaron nuevos candidatos y se estableció en una casa más grande.

En 1743, al morir monseñor Falcoia, San Alfonso vuelve a ocuparse de su congregación como superior general y se encarga de redactar las constituciones. A pesar de la oposición de las autoridades españolas, los misioneros reorganizados fundan varias casas.

En 1748 san Alfonso publica en Nápoles la primera edición de su “Teología Moral”. La segunda edición apareció entre los años 1753 y 1755.

En 1749 el Papa Benedicto XIV aprobó la congregación y a partir de aquí, el desarrollo fue creciente. En 1750, los jansenistas comienzan a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición.

San Alfonso defiende a Nuestra Señora, publicando “Las Glorias de María”, un libro que le ha dado popularidad histórica.

 

Alfonso Obispo

 

Fue nombrado obispo de Sant’ Agata de’ Goti, por el Papa Clemente XIII el 9 de Marzo de 1762. Su ordenación episcopal fue el 20 de Junio en la Iglesia de Sta. María, en Minerva.

Era una diócesis pequeña, con 30.000 habitantes, diecisiete casas religiosas y cuatrocientos sacerdotes entre los cuales había varios que no practicaban su ministerio sacerdotal o llevaban mala vida. Algunos celebraban la misa en 15 minutos. San Alfonso los suspendió “ipso facto”, a no ser que se corrigiesen, y escribió un tratado sobre ese punto: “En el altar el sacerdote representa a Jesucristo, como dice San Cipriano. Pero muchos sacerdotes actuales, al celebrar la misa, parecen más bien saltimbanquis que se ganan la vida en la plaza pública. Lo más lamentable es que aun los religiosos de ordenes reformadas celebran la misa con tal prisa y mutilando tanto los ritos, que los mismos paganos quedarían escandalizados… Ver celebrar así el Santo Sacrificio es para perder la fe”.

Su esfuerzo por reformar la moralidad pública le trajo numerosos enemigos que lo amenazaron de muerte. Solía decir: “Cada obispo está obligado a velar por su propia diócesis. Cuando los que infringen la ley se vean en desgracia, arrojados de todas partes, sin techo y sin medios de subsistencia, entrarán en razón y abandonarán su vida de pecado”.

Poco tiempo después se desata en su diócesis una terrible epidemia que San Alfonso había profetizado 2 años antes. Se morían por millares. El santo, para ayudar a las víctimas, vendió todo lo que tenía y la Santa Sede le autorizó a usar fondos de la diócesis, por lo que contrajo grandes deudas.

Dirigió la diócesis de Sant’ Ágata durante 19 años. Como obispo, se mostró cuidadoso, atento y paternal con los pobres y los seminaristas, en quienes veía prolongar la acción de la Salvación de Cristo.

En Junio de 1767 sufre un terrible ataque de reumatismo que casi lo lleva a la muerte.

En el 1772, elegido el Papa Clemente XIV, San Alfonso pidió ser exonerado de la dignidad episcopal con motivo de su avanzada edad y de la artrosis cervical que le había afectado, pero no fue aceptada su solicitud.

Al terminar de celebrar la misa el 21 de septiembre de 1774, San Alfonso se desmayó y quedó inconsciente. Cuando regresó en sí, dijo a los presentes: “Fui a asistir al Papa, que acaba de morir”. El Papa Clemente XIV murió el 22 de Septiembre de 1774.

En 1775 San Alfonso pidió al Papa Pío VI que le permitiera renunciar al gobierno de su sede. El Papa se lo concedió teniendo en cuenta su enfermedad. Fue a pedir hospitalidad a sus hijos espirituales, en Nocera, cerca de Nápoles, pensando así acabar tranquilamente sus días. Murió serenamente el 1 de Agosto de 1787.

San Alfonso era exigente, comenzando por él mismo, estricto, pero a la vez tierno y compasivo.

 

Alfonso: Gran escritor

 

Como escritor, Alfonso era popular. Publicó ciento once obras, entre grandes y pequeñas, algunas de las cuales han alcanzado decenas de ediciones, como las Visitas al Santísimo, Las Máximas Eternas, la Preparación para la muerte, La Práctica de Amar a Jesucristo. Una de las más nombradas es Las Glorias de María, que ha registrado muchas ediciones en idiomas diversos.

Además de escritor y pintor fue un valiosísimo músico. Su canción más célebre, rica en auténticos valores espirituales y poéticos es “Desciendes de la altura”, un canto navideño compuesto y musicalizado en 1755 durante la predicación de una misión.

La “Teología Moralis” fue una obra que influyó en la formación del clero hasta años relativamente cercanos.

 

 

Retorno a la Casa del Padre, beatificación y canonización

 

San Alfonso murió 2 meses antes de cumplir 91 años, la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1787.

El Papa Pío VI, en 1796, decreta la introducción de la causa de beatificación de Alfonso María de Liguori.

En el proceso de beatificación el P. Caione dijo: “A mi modo de ver, su virtud característica era la pureza de intención. Trabajaba siempre y en todo por Dios, olvidado de sí mismo. En cierta ocasión nos dijo: ‘Por la gracia de Dios, jamás he tenido que confesarme de haber obrado por pasión. Tal vez sea porque no soy capaz de ver a fondo en mi conciencia, pero, en todo caso, nunca me he descubierto ese pecado con claridad suficiente para tener que confesarlo’”.

Esto es realmente admirable, teniendo en cuenta que San Alfonso era un napolitano de temperamento apasionado, que podía haber sido presa fácil de la ira, el orgullo y de la precipitación.

La beatificación fue en el año 1816. Y fue canonizado en 1839.

En 1871 fue declarado Doctor de la Iglesia y propuesto como patrono de confesores y moralistas.

 

 

 

 

Alfonso: Lista resumen de sus obras

Algunas de sus obras:

     1728: Publica su primera obra: Máximas eternas.
 1745: Reflexiones útiles a los obispos
 1745: Visitas al Santísimo Sacramento.
 1748: Inicia su gran obra: Teología Moral.
 1750: Las Glorias de María, probablemente la más conocida de sus obras.
 1752: Semblanzas de sus grandes amigos Jenaro Mª Sarnelli y Vito Curzio.
 1755: La práctica del confesor.
 1757: El Homo apostolicus.
 1758: Preparación para la muerte.
 1759: El gran medio de la oración.
 1760: La monja santa y Selva de materias predicables.
 1768: Práctica de amar a Jesucristo.

 

 

Oda a San Alfonso

 

Bendito tú, testigo de la vida,
que no te abandonaste a la suerte
ni vagaste estérilmente
por sendas de vacío y ansiedad.

Dichoso tú,
que pulsaste los retos de la tierra
y apoyaste con tu esfuerzo
ideales de fe y de dignidad.
La vocación te acercó a la gente,
te sensibilizaron los débiles.

La llamada te pedía entrega…
Y tú serviste.
Necesitaste un proceso
para aclimatarte a los más pobres.

Te adentraste en la aventura,
pero nunca en solitario:
buscaste comunidad
y te lanzaste al riesgo,
apoyado en la garantía de un don
progresivamente vivenciado y discernido.

Te impusiste dar a la gente lo mejor de ti.
Dejaste atrás un mundo de fachada y conveniencias.
Destacaste como misionero emprendedor:
muchos conocieron el Evangelio por ti.

Te “quemaba” la vida apostólica:
andaba el reino de Dios en juego.
No quisiste perder ni un minuto.
¡Tanto se puede hacer con el regalo de la vida…!

Tu alma sensible y polifacética se desbordó,
pero siempre en la misma línea:
humanizar la vida como Cristo Redentor.
Nunca te separaste del pueblo.

Mantenías el oído muy fino al clamor de los humildes.
Creció tanto tu talla de solidaridad,
que te quedaste “bajo mínimos”.

Los pobres te lo agradecieron,
porque, para ti, las personas tuvieron siempre primacía.
Hermano, testigo de la vida,
por todo esto hoy nos das un sólido ejemplo.

Solo un espíritu joven
es capaz de tal entrega y tal constancia.
La historia te agradece algo fundamental:
sencillamente fuiste un testigo…