Parroquia Santisimo Redentor Madrid

6 de Noviembre: Beatos Mártires Redentoristas de Cuenca

El  6 de Noviembre la Congregación del Santísimo Redentor, conmemora a los seis redentoristas, mártires de Cuenca, que siguiendo el ejemplo de Jesucristo Salvador, en la predicación de la divina Palabra a los pobres fueron víctimas de la persecución religiosa durante la contienda civil española.

 

 

DURANTE LA PERSECUCIÓN RELIGIOSA DE 1936

 

Cuenca tiene un lugar preferente entre los recuerdos de los orígenes de la Congregación del Santísimo Redentor en España, ya que en un punto de la provincia, en Huete, tuvo lugar la primera fundación. Esa primera residencia redentorista desapareció con la revolución de 1868.

Cuando el ambiente vuelve a ser favorable, en los primeros días de febrero de 1895, los Redentoristas se instalan en la capital, ocupando el convento e iglesia de San Felipe, en la parte alta de la ciudad. La actividad de la comunidad se repartía entre las misiones populares en la diócesis, los ejercicios espirituales, la predicación extraordinaria y las celebraciones en la propia iglesia de San Felipe.

En 1936, la comunidad redentorista estaba formada por ocho sacerdotes y cuatro hermanos coadjutores.

El 18 de julio, ante la situación política que experimenta la ciudad, los redentoristas abandonan el convento y se dispersan, refugiándose en casa de un canónigo de la catedral y otras personas amigas. Los más ancianos serán acogidos en el asilo de las Hermanitas de los Ancianos. Al día siguiente, todos se reencuentran en el convento, sin mayor novedad.

El día 20 una turba de milicianos derriba la verja de la Iglesia y desquicia las puertas del templo; a pesar de esto, se seguirán celebrando los sacramentos hasta el día 23, en que sólo acuden a la cita el P. Romero y el H. Benjamín. Al ver que aumenta la tensión y la violencia contra los religiosos, el convento queda abandonado y los redentoristas siguen destinos diferentes. Algunos miembros logran esconderse y salir de Cuenca, pasado un tiempo; otros se refugiaron en el Seminario. Estos últimos, pocos días después, sufrirían el martirio junto con el Obispo de Cuenca.

El 31 de Julio, los PP. Ciriaco Olarte y Miguel Goñi eran detenidos y fusilados. Uno de ellos moría al instante y el otro tras una larga agonía. Enterado el P. Julián Pozo, avisó al Superior con la intención de procurarse un refugio mejor. El P. Pozo murió la noche del 9 de agosto, en medio de la carretera de Cuenca a Tragacete, rezando el rosario. En el camino del cementerio, la noche del 10 al 11 de agosto de 1936, eran fusilados el P. Xavier Gorosterrazu y el H. Victoriano Calvo. El P. Pedro Romero, de avanzada edad, llevó vida de mendigo por las calles de Cuenca, hasta que fue detenido en mayo de 1938 y arrojado a la cárcel, donde morirá en los primeros días de junio a causa de una disentería, provocada por los padecimientos vividos durante su persecución.

 

BREVE BIOGRAFÍA DE LOS BEATOS MÁRTIRES DE CUENCA

 

José Javier Gorosterrazu Jaunarena, presbítero profeso, de 59 años. Investigador y misionero en castellano y vasco, aunó en su vida el anuncio del Evangelio con la erudición filosófica y la investigación histórica. Gran sensibilidad por la cultura local de los pueblos evangelizados. Predicó muchos retiros y ejercicios a monjas, especialmente a las Redentoristas. Murió junto al H. Victoriano. Ambos fueron atados el uno al otro del brazo.

 

 

Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, presbítero profeso de 43 años. Misionero en México primeramente y después en España. Hombre simpático y extrovertido. Por su carácter se ganaba la gente. Estuvo en México, de donde tuvo que salir por la persecución de Plutarco Calles. Predicó muchos retiros y ejercicios a las Oblatas y a las chicas con ellas recogidas. Murió junto a Miguel Goñi. Uno al otro se dieron la absolución.

 

 

Miguel Goñi Áriz, presbítero profeso de 34 años. A pesar de su delicada salud y de tener un carácter más bien tímido, fue infatigable predicador de misiones populares y un confesor admirable. Hombre inteligente y valioso para la predicación y el culto en la Iglesia. Siempre estaba disponible para lo que fuera necesario. Fue ordenado sacerdote el 27 de septiembre de 1925.

 

 

Julián Pozo Ruiz de Samaniego, presbítero profeso de 33 años. Hombre extremadamente bueno, que cautivaba a todos con su sonrisa. Maduró su calidad humana y su profundidad espiritual mediante su enfermedad, pues desde antes de su ordenación estuvo enfermo de tuberculosis. Pero su corazón, su mirada y sobre todo su sonrisa en medio de la enfermedad, hablaban de Dios.

 

 

Victoriano Calvo Lozano, religioso profeso de 40 años. Segundo de los hermanos congregados que llega a los altares. Hombre con una formación muy sencilla pero gran sabiduría en el conocimiento de Dios. Dedicado a los trabajos sencillos como la portería, sacristía, huerta o sastrería, emplea mucho tiempo en el silencio y la oración. Se dedicará a la dirección espiritual.

 

 

Pedro Romero Espejo, presbítero profeso de 65 años. Fue misionero durante mucho tiempo, pero poco a poco lo fue dejando por dificultades personales. Tuvo que asumir sus limitaciones y, a causa de ello, llevó vida de monje en Cuenca. Cuando llegó la persecución, para continuar libre y poder vivir la fidelidad de su vida misionera, peregrinó como un mendigo por las calles de Cuenca y así facilitó la atención pastoral a quienes le reclamaban en medio de la persecución. Ingresó en prisión y murió a causa de las penalidades.