Parroquia Santisimo Redentor Madrid

27 de Junio: Día del Perpetuo Socorro


 

PRIMERA LECTURA: Lectura del Libro del Profeta Isaías (7,10-14)

 

En aquel tiempo, dijo el Señor a Acaz: “Pide una señal al Señor, tu Dios en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo”.

Respondió Acaz: “No la pido, no quiero tentar al Señor”.

Entonces dijo Dios: “Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, sino que cansáis incluso a Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa ‘Dios-con-nosotros’”.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

SALMO RESPONSORIAL – Salmo 70

 

R./  En mi aflicción, ven en mi ayuda, Señor.

 

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre.
Tú, que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina tu oído y sálvame. R./

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú, Señor. R./

Dios mío, líbrame de la mano perversa,
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud. R./

Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a socorrerme. R./

 

 

 

SEGUNDA LECTURA: Lectura del Libro del Apocalipsis (12,1 -6.10a)

 

Apareció en el cielo un signo grandioso: una Mujer, vestida del sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Estaba encinta, y gritaba por los dolores de parto,

Y apareció otra señal. Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos, y siete diademas en las cabezas. Con la cola  barrió del cielo, un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra.

El Dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse  al niño en cuanto naciera. La mujer dio a luz a un varón, destinado a gobernar con cetro de hierro a todos los pueblos,  y el niño fue arrebatado hacia Dios y hacia su trono. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios,

Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salvación y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

ACLAMACIÓN DEL EVANGELIO

 

Aleluya, aleluya, aleluya.
Estaba la madre junto a la cruz de Jesús,
y dijo Jesús al discípulo «He aquí tu madre»
Aleluya.

 

 

 

 

EVANGELIO: Lectura del santo Evangelio según san Juan (19,25-27)

 

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

“Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”.

Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

 

Palabra de Dios.

 

 

 

María del Evangelio

 

La tradición ha idealizado, en ocasiones, la figura de María. Hay muestras de ello en el arte, la literatura, en costumbres populares… Para evitar desfiguraciones y ambigüedades, el mejor procedimiento es acudir a los datos bíblicos, que, aun siendo pocos, ofrecen pistas suficientes para diseñar rasgos y características importantes de la personalidad de María.

Veamos:

— María está abierta al Espíritu: por su religiosidad atenta y consciente. María vive pendiente de los planes de Dios.

— Es la “llena de gracia”: fue la elegida por su elegancia humana y su disponibilidad.

— Es virgen-madre. El Espíritu de Dios lo hace posible al encontrar gran cooperación en María.

— Es una gran creyente: no lo tuvo fácil, pero aceptó el querer de Dios y se fio de él.

— El Magníficat (Lc 1,46-55) refleja el interior de María y su consistencia.

— Sabe estar al lado de Jesús y en la misión que le corresponde. Acompaña y apoya a Jesús en la cercanía y en la distancia.

— Es corredentora: está muy unida a Jesús y colabora con su “sí” oblativo a Dios.

— Es mujer fuerte en la vida diaria y en su respuesta vocacional.

— Es fiel hasta el final: la fidelidad es uno de sus valores sobresalientes.

— Jesús está orgulloso de su madre no solo por el atractivo de su personalidad, sino especialmente porque “escucha la Palabra de Dios y la cumple” (Lc 11,28).

— María integra y anima a la primera comunidad cristiana. Vive con los discípulos el proyecto de la Iglesia naciente desde la experiencia decisiva de Pentecostés.

 

 

 

ORACIÓN COMUNITARIA

 

Te bendecimos, Dios de la historia,
porque has hecho grande a una mujer sencilla.
María es un ejemplo culminante
para los creyentes de todos los tiempos
que quieren vivir dóciles a tu Palabra.

Su vida, llena de gracia, arranca admiración.
Celebramos, Dios bueno, a María,
presente en la comunidad, Madre de la Iglesia,
cristiana fecunda, libre, inmaculada y corredentora.
Con ella proclamamos tu grandeza.

También hoy puedes hacer maravillas
si, como ella, te decimos con sinceridad:
“Aquí está la esclava del Señor…”.
Dios nuestro, estamos orgullosos de María,
como lo estuvo Jesús.

En su persona se ha condensado
toda la felicidad del Reino porque escuchó tu Palabra
y la hizo experiencia y testimonio.
Por eso, en comunión con ella y con Jesús,
te bendecimos.